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Economía

[INFLACIÓN] La emisión monetaria a toda máquina es la principal fuente de financiamiento de un país quebrado

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La inflación es uno de esos fenómenos económicos en el que rápidamente se detectan los perdedores, pero en que los ganadores ejercen su condición con bajísimo perfil. No sea cuestión de que el resto de la sociedad los encuentre rápidamente entre los causantes del descalabro financiero que trae aparejado la pandemia económica.

La creación de moneda es la actividad que no tuvo cuarentena obligatoria y se constituyó en la principal fuente de financiamiento del Gobierno al desplomarse el resto de las fuentes de ingreso.

Sobre todo, en un país que ostenta el triste récord de inflación sostenida a lo largo del tiempo, un fenómeno que no encuentra muchos antecedentes. Hubo casos de híper, incluso pero nunca de alta inflación permanente. En el primer caso, las resistencias van creciendo y los mismos beneficiados por la anomalía, terminan perjudicados.

  • En 2019, Argentina (53,8%) ocupó el tercer lugar del ranking detrás de dos campeones del rubro con sugerencia de no imitar: Venezuela (7.374,4% según datos del Parlamento opositor) y Zimbabwe (161,8%), pero dejando atrás a otras dos potencias del rubro: Sudán (50,4%) e Irán (35,7%).
  • Tomando el índice de precios mayoristas del INDEC, desde 1993 a 2019 el índice aumento 50 veces, lo que equivale a un 35% anual promedio, aun contando la quietud de los años de la convertibilidad, desaparecida de hecho a fines de 2001.
  • Durante la pandemia, el Estado nacional vio menguar sus ingresos tributarios por desplome de la actividad (-26% interanual para en abril) y crecieron los gastos: por salud, seguridad, subsidios mediante planes para personas y empresas y mayores transferencias discrecionales a las provincias).
  • Se calcula que, para junio, la emisión monetaria ya se constituía en la primera fuente de financiamiento del gasto público federal. Se calcula que hasta mayo se habían emitido $ 1.050.000 millones, lo que equivale a 3,5% del PBI estimado para este año. Esta cifra ya es un nuevo récord histórico en la siempre sorprendente economía argentina.
  • Esta cifra ya es un nuevo récord histórico en la siempre sorprendente economía argentina. Si el aislamiento social obligatorio se prolonga más allá de agosto, la caída del producto podría ser más pronunciada que el 9,5% que la última edición del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) había previsto para este julio. Estas cifras son convalidadas también por el Fondo Monetario Internacional y hacen que la incógnita sea cuánta asistencia monetaria precisará adicionalmente la economía argentina para recuperarse.
  • Recientemente, la Casa de la Moneda, que está trabajando a pleno para abastecer la necesidad de nuevos billetes, insumo básico de la expansión monetaria, llamó a una licitación internacional para la compra de 250 millones de billetes de 500 $ y una segunda licitación para la adquisición de 1.794.000 hojas de papel para la fabricación de billetes de $ 1.000.
  • La primera licitación es para satisfacer la demanda creciente por billetes de media denominación para pagar ayudas sociales que son reticentes al dinero electrónico porque se utilizan sobre todo en el circuito informal, más de un tercio del total. La segunda es para la adquisición de insumos para producirlos en las dos plantas que la Casa de la Moneda tiene en Buenos Aires: la de Retiro que opera con una fiel maquinaria de los 60, aún en condiciones y la más moderna de Ciccone.
  • El proceso de impresión de moneda es lento, los proveedores mundiales son pocos y van planificando su producción con meses de anticipación. La pandemia alteró la programación monetaria y la prometida aparición de un nuevo billete de $ 5.000 algo más que necesario dada la depreciación del valor real del billete de más alta denominación (el del hornero es hoy casi 10 dólares “solidarios” y menos aún de los “financiero”).
  • La figura del doctor Ramón Carrillo, prócer sanitarista del peronismo originario, alteró los planes, pero también la creencia de que un billete que convalidaba la inflación también la naturaliza. La misma discusión y el mismo resultado por el que en diciembre de 2015 los Evitas terminaron costando 7 dólares “blues” y dificultando las operaciones de mayor valor.
  • Se calcula que la impresión de cada billete cuesta alrededor de 10 centavos de dólar y podría ser algo más si se refuerzan las medidas de seguridad (marcas de agua, tintas especiales, barniz en el papel, etc.). Los de alta denominación tienen una vida útil de tres años, los de baja, de cuatro y las monedas, 20 años.
  • La Argentina es un sistema en el que conviven, todavía, tres familias de billetes para algunas denominaciones (por ejemplo, el de $100: Roca, Evita y el ciervo taruca) y la prometida reivindicación de los próceres agregaría un cuarto tipo, con el consiguiente costo de reposición si se quisiera hacerse rápidamente.

Mientras la inflación siga siendo la marca indeleble de la economía argentina, el negocio de la impresión de moneda siempre estará asegurada. No hay recesión ni pandemia que valga: habrá más ceros, más imágenes, pero la pasión por eludir las restricciones económicas encontrará en los billetes un aliado incondicional.

Fuente: Tristán Rodríguez Loredo

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