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Sociedad

CARNET DE VACUNADOS PARA EVENTOS. CASINOS y CATAMARANES: Como en un GUETO, solo falta la CINTA en el BRAZO

La historia nos recuerda que marcar personas es un camino equivocado, las comparaciones fascistas son inevitables.

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La decisión es del COE Salta, del gobierno de la provincia de Salta, de varios ministros y del gobernador. Sin el carnet de vacunación no se podrá ingresar a salones de eventos, casinos ni catamaranes. Ante una pésima campaña de vacunación, en donde se comunicó tarde y mal, el gobierno de Salta, una vez, castiga a la gente.

Algunos estarán de acuerdo, los menos críticos. Aquellos que sencillamente suelen enamorarse de figuras públicas y políticos. Lo cierto es que aquella masa con más experiencia, los que ya vivieron varias estafas, crisis y ya conocen el paño de la política, se permiten el derecho de la duda, y esta vez tienen toda la razón.

Lamentablemente y como ya quedó probado, el gobierno de la nación jugo a la geopolítica y el amiguismo al momento de negociar vacunas. Tan es así, que teniendo la posibilidad de comprar 14 millones de vacunas de los laboratorios Pfizer (quizás la vacuna más aceptada en el mundo), optó por la versión rusa, la Sputnik V. La consecuencia principal fue la falta de dosis, y sobre todo del segundo componente, obligatorio para recibir la tan necesaria inmunización.

La vacuna Sputnik, además, fue aprobada por la ANMAT sin disponer de los estudios de tercera etapa. Algo imperdonable. Sobre esto se adujo la situación de emergencia. En el caso de Brasil, el paralelo de la ANMAT del vecino país desaconsejó la compra de la misma, ya que la vacuna, que trabaja con un ARN no replicante, tiene la falla de que el mismo replica. Las consecuencias de esto pueden ir desde un sencillo resfrío o algo más complejo, esto es incierto y demanda tiempo.

Cualquier persona puede optar por no recibir una vacuna que fue aprobada en estado de emergencia. Comprobar que una vacuna no posee efectos secundarios preocupantes demanda años de estudio y experimentación. No se puede obligar a la ciudadanía a someterse a algo así. Sin embargo, desde el gobierno provincial se fomenta esta metodología: sin el carnet de vacunas covid en mano, será imposible concurrir a salones de eventos, casinos y catamaranes. Así lo dispuso hoy el COE provincial.

Con todo esto y ante una campaña de vacunación deficiente, hoy el estado de Salta utiliza una herramienta fascista, la obligatoriedad. Frente a la noticia, no fueron pocas las voces en contra, un lector de Agenda Salta opinó muy acertadamente que: “Para ir a votar también tendrían que decir lo mismo. Ahí no les va importar nada. Hasta los muertos van a sufragar, hay que tener mucho en cuenta”.

Las redes hablan, siempre

La salud pública importa a veces, otras veces no, sería la respuesta lógica a tamaño comentario, y por esto siempre habrá una explicación, incluso cuando se promueven medidas que nos recuerdan a las épocas más nefastas que pudo vivir la humanidad.

Durante la 2da guerra mundial, en la Alemania nazi, y durante la ocupación de los mismos en Polonia, se gestó una de las acciones más vergonzosas que haya llevado a cabo el ser humano: se marcaba al diferente, al que piensa distinto. Los judíos eran obligados a portar un brazalete que los denunciaba como pertenecientes a esa comunidad. Así, los alemanes sabían quienes era “los indignos”. Luego fueron más allá, los subieron a trenes y los concentraron en campos de exterminio. El resultado fue nefasto y llega hasta nuestros días.

La discusión sobre las libertades individuales está muy en boga y es disímil. En paralelo a que se abren más espacios a minorías postergadas, a la vez hay cierto consenso en restringir algunas libertades. Quienes entran en corto circuito con este problema (el recorte de libertades) aducen el “bien común”, sin embargo, la realidad dice que solo piensan en sus ombligos y en satisfacer sus propios deseos de imponerse por sobre el otro. Les gana la necesidad de tener razón.

Hoy sabemos que aun con la vacuna puesta se puede adquirir el virus, y en tanto suceda esto, se puede contagiar. La razón principal de la vacuna en este momento es evitar que las terapias intensivas se saturen, que las personas no requieran el uso de respirador o que en el peor de los casos, no mueran. No impide que una persona se infecte y contagie.

El problema entonces es otro: la (obligatoriedad de la) vacuna llega para cubrir la ineficiencia del estado. Ante la falta de inversión en materia de salud (Las camas UTI en la provincia de Salta al día de hoy son las mismas que en septiembre del 2020). No invirtieron, a pesar de que el ministro de Economía Dib Ashur aseguró que la provincia había logrado el superávit. Tampoco se negoció vacunas con otros laboratorios alternativos a los que gestionó nación. De hecho, siempre se esperó mansamente a que el presidente Alberto Fernández solucione el problema. No lo hizo, y en Salta la pandemia castigó y muy fuerte.

Así, y sin importar lo que nadie diga, se impone el carnet vacunatorio para ciertas actividades. Esto es un símbolo que nos remite a las épocas mas oscuras de la humanidad, y que encuentra su explicación en la falta de gestión de un estado provincial que habla mucho y hace poco. Un estado provincial que ya probó ser ineficiente. Lamentablemente contra eso no hay ni vacuna, ni carnet.

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