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Sociedad

INJUSTICIA: Lo DIERON todo durante la PANDEMIA pero igual los DEJARON EN LA CALLE

Son enfermeros y enfermeras, personal de soporte, maestranza y médicos. Renunciaron a sus trabajos anteriores y hoy no tienen ingresos.

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No es nuevo, en el norte de Salta la situación se vivió con iguales ribetes durante fines de noviembre y principios de diciembre. Y es que sin que les tiemble el pulso, desde el gobierno provincial optaron por no cumplir con la palabra dada y proceder a discontinuar los contratos que se habían acordado, muchas veces, de palabra.

Es el caso del personal que se desempeñó durante la pandemia en el hospital San Bernardo, en la capital salteña. Ellos atendieron a quienes peor estaban, no solo por los estragos que el coronavirus produce en las personas que padecen la versión más despiadada de este virus, sino porque además de los problemas respiratorios, el miedo y la soledad socaban hasta al más duro.

La película ya se vio con anterioridad en el norte provincial, primero en Fortín Dragones y luego en Embarcación. Trabajadores de la salud que apalabrados por la dirigencia política que no había hecho las previsiones acordes a lo que se venía, tuvo que salir a ofrecer y rogar desesperadamente por mano de obra.

El personal permanente de los hospitales y centros de salud caía como moscas y comenzaba a escasear peligrosamente, entonces aparecieron ellos, renunciando a sus trabajos anteriores para dar todo de si mismos. Son los médicos, enfermeros, asistentes y maestranzas, choferes que actuaron en la primera línea de la lucha contra el virus y en el peor momento, cuando las papas quemaban.

Hoy jueves 4 de febrero, ya llevan varios días de lucha por sus derechos vulnerados y por la palabra quebrada de quienes los llevaron a trabajar y a exponerse al maldito virus con falsas promesas de continuidad. Y es que se los sacaron de encima “ya te vamos a llamar de nuevo”, les dijeron.

“La cara visible fue siempre la Licenciada Villanueva (Coordinadora de la Oficina de Programación de Enfermería del Hospital S. Bernardo)”, aseguró Cinthia, en el piso de Pan & Circo (el radial de Agenda/Salta). “Tengan paciencia, ustedes van a quedar” les aseguraba la funcionaria, pero siempre recalcándoles que la decisión no dependía del hospital sino del gobierno. La arenga, durante lo pero de la situación siempre fue sobre esa premisa, aseguró la enfermera: “por eso ellos siempre nos decían, ‘den lo mejor, ustedes van a quedar trabajen full time’, entonces todos estábamos ilusionados, convencidos, por eso mucha gente se animó a dejar sus otros trabajos para dar todo en el San Bernardo”.

Su compañera, Lourdes, la pasó peor. Ella estaba destinada a terapia intensiva, con los que ya peleaban al filo de la muerte y le pasó lo inevitable, adquirió la enfermedad: “Solo yo sé lo que pasé por ese servicio y aun así hoy nos dejan sin trabajo. Claro que me gusta la enfermería, pero sonaba una bomba de un respirador y quien entraba, la enfermera… éramos los primeros principales ante una alarma, pero aun así estoy afuera. Yo esperé cuatro años, porque yo hice la concurrencia”.

Las anécdotas son tristes. Muerte, desesperación y miedo. Familiares nerviosos y enfermos aterrorizados ante la posibilidad de un final que nadie desea. “Yo si contraje covid” asegura Lourdes, y relata “cuando entré, a los quince días -ya- estuve fuera. Sin obra social, el hospital ni me llamó ni se preocupó. Sin ART, la medicación me hice cargo yo. Y te aseguraban el puesto de trabajo, yo cuando volví estaba afuera, no me dejaron entrar en servicio. Tuve que volver a intentar, otra vez volver a hablar porque me había quedado sin trabajo y -luego- tuve la oportunidad de volver a entrar al área de servicio, a mi servicio, de terapia de covid”.

Así están dadas las cosas en el hospital San Bernardo, un cortocircuito y el pasamanos de siempre. Que la gerencia, que el gobierno, que el ministerio. Lo cierto es que estamos hablando de 200 personas, 200 familias que de un día para otro fueron cesanteadas con el débil argumento de la baja de casos. Muchos de ellos renunciaron a sus trabajos ante las falsas promesas de continuidad laboral, adquirieron el virus, la pasaron mal. Hoy están en la calle y no tienen un futuro. Hace unas semanas eran las personas que arriesgaban sus vidas día a día, minuto a minuto, por cada uno de nosotros. Así es como el gobierno de Salta les pagó a nuestros héroes de la pandemia. No queda mucho por decir. Mañana podríamos necesitarlos, y de seguro ellos estarán allí. Otros, mientras, ganan fortunas desde la comodidad de un despacho administrativo en Grand Bourg, alejados de todo peligro y jugando con los sentimientos y la esperanza de la gente. No hay perdón.

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1 comentario

1 comentario

  1. Alfredo

    8 febrero 2021 a 1:26 pm

    Que lastima que este gobierno provincial tenga esa actitud con los enfermeros de covid19,yo estuve con neumonía bilateral entre agosto y setiembre del año pasado y se,lo que se vive en la UTI,se vienen nuevas pandemias dicen que serán peores,porque desperdiciar tanta experiencia adquirida?

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