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Política

LENTO de reflejos y MAL asesorado: Sáenz FRACASÓ en su intento por FRENAR la marcha de los ORIGINARIOS

Con toda su energía puesta en la suspender las PASO, al gobernador de Salta se le escapó el mayor de sus problemas, la pobreza de todo un pueblo.

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Hace unos días, los pueblos originarios, eternos postergados de la provincia de Salta, iniciaban una marcha a pie, desde el norte de la provincia y con destino incierto. Se hablaba de Salta capital, otros de Buenos Aires, la marcha de los olvidados nació en el corazón de la Emergencia Sociosanitaria, y no va a detenerse con vanas promesas.

Algunos suelen estar bien informados, otros no tanto. Los más tienen miedo y nadie habla: El gobernador está mal asesorado, dicen. Y es que Gustavo Sáenz no es “solo Gustavo Sáenz”, cuando se emitió el sufragio, se votaba (veladamente) por un triunvirato. Sáenz, solo, no puede. No es una figura fuerte o acabada, como los dos últimos gobernadores (y aquí nadie habla de ser bueno o malo, sino de ser fuerte, que es muy distinto). Su capital es el carisma, y su debilidad, los nervios. Estos últimos ya están hechos añico. Se habla de depresión y pánico. Se habla de impotencia ante la situación.

Entendiendo las demoras y postergaciones

Sin embargo, y como dijimos, el combo trae sorpresas. Pablo Outes es el Coordinador de Enlace y Relaciones Políticas de la Gobernación, y su par, Nicolás Demitrópulos, ejerce la Coordinación Administrativa de la provincia de Salta. Ambos forman una maquinaria cuya intención es suplantar la figura del Jefe de Gabinete. El problema es que la maquinaria, dicen, funciona mal. La misma se transformó en una puja por poder y privilegios, y el rehén de esta pelea es nada más y nada menos que el mismísimo gobernador de Salta, Gustavo Sáenz.

Dado el enorme desgaste al que el cacique capitalino fue sometido en estos casi 9 meses de pandemia, en donde dinamitó su imagen a los límites mas bajos posibles, la decisión del duo Outes-Demitrópulos, fue “esconder” al jefe. Un vano intento por proteger su imagen y, por lo bajo, continuar gobernando ya no como un triunvirato, sino de forma bicéfala, aunque no haya acuerdo en como se deben hacer las cosas, y con el agravante de los celos y la broncas mutuas sean padecidos por cientos de miles de salteños.

Demitrópulos y Outes, El poder detrás del poder, siempre en tensión.

Dicen desde adentro que el más “beneficiado” sería Outes, quien no solo recorre la provincia anunciando obras y reuniéndose con intendentes propios y ajenos, armando estructura política y siendo conocido por la gente en pleno “territorio”, sino que además fue premiado con la presidencia de la CAP (la Comisión de Acción Política del Partido Justicialista), el Santo Grial Justicialista. Outes se transformó así en el Cancerbero del armado de listas del PJ provincial y, gracias a esto, quizás sea el hombre más poderoso del gobierno de Salta, después de Sáenz claro, cuando este último está.

Nicolás Demitrópulos en tanto, quedó relegado a un despacho, a un ámbito administrativo pero con el poder de “la firma”, lo que no es poco. Toda la pauta publicitaria de la provincia pasa por sus manos, todos los contratos y los cargos de Agrupamiento Político fluyen bajo su responsabilidad. Pero la realidad es que cuando Sáenz finalice su mandato, no habrá carrera política. El ámbito de poder de una persona que cosecha más odios que amores es finito, temporal y dependiente de la figura del cacique. Eso duele. El rol de policía malo tiene sus costos.

LA MARCHA NO SE DETIENE

La marcha de los pueblos originarios comenzó hace meses, cuando los primeros niños murieron y el primer reflejo del gobierno fue prohibir toda información relativa al ministerio de Salud. Luego se declaró la Emergencia Sociosanitaria y llegó la ayuda del gobierno nacional, sin la cual el desastre hubiera sido de proporciones enormes. Pero al fin de cuentas, el problema fue atenuado, disimulado, escondido. Los ojos de Buenos Aires se corrieron de la zona y luego llegó la pandemia.

Los pueblos originarios -en ese interín- cayeron en la cuenta de que los habían timado. Les habían ganado tiempo, los habían dormido, una vez más.

Con meses de aviso -los originarios- ahora, marchan a Salta. Con el fuego ya iniciado y los reflejos adormecidos, tranquilizados, Gustavo Sáenz movilizó a medio gabinete hacia Pichanal, para interceptarlos en plena marcha. Había que pagar este incendio antes de que llegue a capital, antes de que la protesta se nacionalice. Tarde.

La marcha de los pueblos originarios se viene preparando desde hace por lo menos tres meses. Cualquier trabajador de medios lo sabe, se anunció en cuanto grupo de prensa de whatsapp haya dando vueltas. El único que no la vio venir fue Saénz y hoy la tiene a la vuelta de su casa. El gobernador de la imagen frágil voló al norte con premura, pero fue en vano. Los originarios seguirán adelante, aunque lo harán en colectivos, quitándole espectacularidad al asunto, pero llegarán. En el camino se les irán sumando hermanos de otras comunidades y algunos sectores políticos. La marcha de los postergados irá creciendo paulatinamente y se instalará en Salta capital, posiblemente luego continúe a Buenos Aires.

Los ojos de la capital nacional se pondrán nuevamente sobre la provincia ¿Saben quién perderá? Si, el mismo. El gobernador seguirá perdiendo imagen y poder, víctima de la feroz pelea que llevan adelante sus coordinadores, quienes están mas interesados en jugar para ellos mismos que para toda una provincia. Sáenz debería saberlo. Alguien se lo tendría que contar.

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