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Cultura

Tristeza: Murió Willy Crook, ex saxofonista de Los Redondos y símbolo del funk en la Argentina

Saxofonista, guitarrista, cantante y compositor, tocó con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y fundó Los Funky Torinos.

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Tras casi veinte días de internación, este domingo murió Willy Crook, a los 55 años. “Es de una inmensa tristeza hacerles saber que Willy Crook ha fallecido el día de hoy. Les haremos llegar su lugar de descanso y despedida en cuanto su señora madre supere en parte este tristísimo momento. Gracias a todos por el apoyo incondicional de tantos días. Un gran abrazo”. Con estas palabras, la agente de prensa y amiga del músico, Paula Alberti, divulgó en su cuenta de Twitter la triste noticia.

El 8 de junio Willy Crook fue internado luego de sufrir un ACV. Primero lo ingresaron a una unidad de terapia intensiva y luego fue trasladado a otra donde se haría el seguimiento de su situación y se lo induciría a un coma farmacológico, con respiración asistida de manera mecánica y en situación clínica evaluada como estable, dentro del contexto, que era complicado.

Willy había nacido como Eduardo Guillermo Pantano Crook en Villa Gesell, el 28 de agosto de 1965. Su vida artística se desarrolló mayoritariamente en el ambiente musical porteño. Todavía no había cumplido veinte años cuando comenzó su carrera discográfica. En 2017, cuando editó su libro Memorias improbables, decía que todo lo que rodea al rock siempre fue algo interesante para el público. “Algo para leer es una buena variante, sobre todo ahora que ya no están más los sobres internos de los discos. Cuando yo era chico los agarraba y los leía cada vez que ponía un disco, por más que ya lo había leído cien veces. Era data que me gustaba leer mientras escuchaba la música”.

Quien lea el sobre interno del debut discográfico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota verá que allí estuvo Crook. Y, también, por ese viejo y entrañable sistema de hurgar en las fichas técnicas de los discos se podrá comprobar su paso por muchas otras grabaciones. En Oktubre, de Los Redondos, también está su nombre (tocó en la banda durante cuatro años, entre los 18 y los 22), y en La revancha del tango, de Gotan Project, casi 20 años después. Y en shows de Riff, de Los Abuelos de la Nada, de Charly García.

En la primera mitad de los noventa recaló en España. De esa experiencia europea se destaca Lions In Love, proyecto comandado por Daniel Melingo, que además alistaba a José Luis “McCartney” y el tecladista Guillermo Piccolini. A su regreso publicó su primer disco, Big Bombo Mamma (1995), y un año después Pirata (1996), pero fue recién cuando fundó Willy Crook y Los Funky Torinos (en 1997 publicó un álbum con ese mismo nombre), que marcó el punto de partida del rumbo definitivo, y sobre todo, distintivo de su sonido. El soul y el funk fueron su código de expresión -en años en los que el acid-jazz era el telón de fondo de la escena internacional en materia de música cool. Hasta el final del siglo publicó al menos cuatro álbumes, dos de ellos en vivo, grabados en el Teatro Coliseo. Desde entonces participó en otros proyectos que alternó con el de Los Funky Torinos. El último disco con su nave insignia es de 2019 y se llama Lotophagy.

Ya en el nombre de la agrupación se condensaba claramente dos de sus pasiones, el funk y el auto Torino, emblema de la industria automotriz nacional. Con esa simpleza también expresaba muchas otras reflexiones que no eran, para nada, superficiales. Willy decía que su escuela había sido el rock. También adhería a la idea de Miguel Botafogo acerca de la maternidad del blues sobre el resto de las músicas afroamericanas, y pensaba que el funky era algo así como el “primo canchero del rock”.

“Vivimos en una época en que la gente tiene todo muy fácil, por los recursos que existen, y la música actual no tiene penas, no tiene conflictos, no tiene represores -contaba a LA NACION-. El rock nació como una suerte de grito contra el sistema, la némesis del artista, pero el sistema entendió que eso había venido para quedarse y ahora no se vende una hamburguesa sin rock. El rock tenía cosas para decir y hubo gente acá que se jugó la vida para hacer rock: Manal, Charly García, Spinetta, toda esa generación. Tenían un conflicto y eran los primeros. Pero ahora todos quieren ser una copia de sus ídolos: cantar como Andrés (Calamaro), como (Gustavo) Cerati o como el Indio (Solari), y eso es un poco limitante para uno y transforma todo en lo mismo, ¿no? Cuando yo iba al Einstein, las bandas que tocaban se parecían a sí mismas, no a otras: Los Violadores, Sobrecarga, Sumo, Los Twist, Virus, Los Abuelos, todas bandas que tenían algo que decir pero no se parecían a otras. Creo que se perdió un poco de autenticidad. Hoy en el rock te distraés y una banda que no conocías llena un River”.

En aquella charla -que había tenido con el periodista Sebastián Ramos- también hacía una lectura funcional de la música: “El dueño de la música es el que la escucha, uno es un buen instrumento, ahí se resuelven todas las diatribas, todas las discusiones acerca del ego y todo eso. Yo fui una buena antena y la música me eligió. Y la gente la escucha. Hay gente que opera con mi música y hay gente que hace el amor, lo cual me eleva a una categoría absolutamente fanfarrona”, decía.

Mauro Apicella, para La Nación

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