El Gobierno anunció que echó a los responsables del “error” de utilizar terminología discriminatoria por parte de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) para referirse a personas con problemas de salud mental.
En el Anexo I del documento de la ANDIS se usaron los términos “idiota”, “imbécil”, “débil mental” y “retardado” para caracterizar a quienes sufren problemas mentales, lo que causó rechazo en las organizaciones que velan por los derechos de las personas con discapacidad.
Tras la polémica por el uso de ese tipo de lenguaje, desde la ANDIS aclararon en un comunicado que fue un “error” haber utilizado esa terminología y sostuvieron que no hubo “ninguna intención discriminatoria”. El director ejecutivo de ese organismo, Diego Orlando Spagnuolo, confirmó desde las redes sociales que “las personas responsables por lo que pasó ya fueron desvinculadas”.
Anteriormente, el funcionario había indicado que “se trató de un error derivado del uso de conceptos pertenecientes a una terminología obsoleta”, explicó el organismo, y añadió que ese tipo de caracterizaciones fueron utilizadas en el pasado en medicina psiquiátrica, aunque se eliminaron por su carácter peyorativo.
A pesar de la modificación, el organismo sostuvo que la “corrección no modificará el baremo ni sus criterios de evaluación”. La resolución, que había generado controversia, tiene como objetivo establecer criterios para evaluar a las personas que cobran pensiones por invalidez.
El polémico decreto de la Agencia Nacional de Discapacidad
El Gobierno, a través de una resolución firmada por la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDis), modificó la evaluación para el otorgamiento de las pensiones no contributivas a personas con discapacidad. Y recibió un fuerte repudio por incluir una terminología discriminatoria y estigmatizante en el decreto, publicado en el Boletín Oficial.
El anexo de la resolución 187/2025 establece una clasificación basada en coeficientes intelectuales (CI), y clasifica a como “idiota” a la persona que “no atravesó la etapa glósica, no lee ni escribe, no conoce el dinero, no controla esfínteres, no atiende sus necesidades elementales, no puede subsistir solo”. Y es “imbécil”, siempre según el criterio de ANDis, aquel que “no lee ni escribe, atiende sus necesidades elementales, puede realizar tareas rudimentarias”.
La normativa describe como “débil mental profundo” a quien “solo firma, tiene vocabulario simple, no maneja el dinero, puede realizar tareas rudimentarias”. Es “débil mental moderado” aquel que “lee, escribe, realiza operaciones simples, conoce el dinero, puede realizar trabajos de escasa exigencia intelectual”. Y es “débil mental leve” la persona que “cursó primaria y a veces secundaria, puede realizar tareas de mayor envergadura”.