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ERROR FORZADO

Celebran Estrada, Leavy y los pibes Nac&Pop, los “justicialistas” locales arden

A pesar de tener a todas sus autoridades electas mediante el voto de los afiliados, el Partido Justicialista salteño fue intervenido ayer. El kirchnerismo se queda con la herramienta, pero ¿mantiene los votos?

Celebran Estrada, Leavy y los pibes Nac&Pop, los “justicialistas” locales arden

La verdad de la milanesa se verá el 11 de agosto, cuando los salteños concurramos a las urnas en las elecciones de medio tiempo provinciales. Sin embargo, hace apenas un par de años ya tuvimos una muestra y los resultados fueron negativos fueron claro, contundentes.

Podríamos remitirnos a las elecciones 2023, aunque el fenómeno también se vio en las de 2021. La precipitada intervención del PJ salteño responde más a una necesidad de facciones que a una realidad que concentre las demandas de todo el arco peronista local. En resumidas cuentas, Emiliano Estrada necesita una herramienta electoral y Cristina compró.

El argumento principal es también relativo: “los diputados peronistas salteños le votaron todo a Milei”, dijeron desde la poltrona kirchnerista. Este también es un argumento falso. El Congreso Nacional es un lugar de negociaciones en donde a veces se dan encuentros y desencuentros.

Si el peronómetro estuviese regido por la máxima de votar todo en contra y siempre porque si, más que un partido político el PJ sería una máquina de impedir. Algunos creen que efectivamente y a lo largo de nuestra historia así lo fue, otros, más dados al diálogo y el pragmatismo, creen que siempre se puede discutir.

En la praxis, los diputados justicialistas salteños votaron a favor y en contra según el momento y a veces, claro, a pedido del gobernador las leyes del mileismo. O sea, se negoció, y así funciona la buena política, mediante el consenso.

El kirchnerismo, en tanto, tomó la decisión de buscar impedir todo lo que surja de La Libertad Avanza, primero porque carece hasta ahora de una propuesta superadora que seduzca al electorado no militante, y segundo: porque en relación a lo primero, depende directamente del fracaso de Javier Milei para mantener con vida su discurso, que es percibido como viejo y vetusto por la nueva camada de jóvenes que se volcó con pasión hacia las ideas de la Escuela Austriaca.

Así, el conflicto es de índole nacional, por un lado: Cristina Fernández de Kirchner, auto ensalzada en principal autoridad del Justicialismo Nacional a falta de elecciones internas que la validen. Por el otro, una provincia que carece de figuras kirchneristas realmente fuertes capaces de ganar elecciones.

Si, en Salta el kirchnerismo puro y duro son 149 pibes fanáticos y cuatro o cinco dirigentes que carecen de intención de voto, pero siempre se las arreglaron para mantenerse en los primeros lugares de la toma de decisión cuando el viento era favorable.

Dicho de modo directo, a los salteños Cristina les importa lo mismo que el Canal de Panamá. En Salta, señores, se vota a Perón y a Evita y, en ese contexto, el kirchnerismo hasta fue visto como otra cosa, una cosa distinta, algo no peronista, aunque algunas veces se puedan haber coexistido ambas líneas ideológicas.

El ejemplo que sobresale y corona la situación es la aparición de partidos provinciales a mansalva. Fue mediante los partidos provinciales que los nuevos detentadores del voto popular lograron vencer el verticalismo peronista local para poder hacerse de espacios de poder propio.

El abanderado de esto es Gustavo Sáenz, quien tuvo que dar un paso al costado para poder torcerle el brazo a la estructura justicialista comandada por las tropas de oficialistas en esas épocas. Para Esto Sáenz creó PAIS (Partido Identidad Salteña) y desde ese momento el PJ y sus actores locales nunca más ganaron, verdaderamente, elecciones.

Gustavo Sáenz (Saencismo), gobernador de la provincia, Emiliano Durand, intendente capitalino (duranista) y María Emilia Orozco, diputada Nacional (Libertaria), son las tres personas con mayor intención de voto -por escándalo- respecto a quienes les siguen en las encuestas provinciales.

Ni Emiliano Estrada, ni Sergio Leavy, ni Walter Wayar, ni Mauro Sabbadini, ni Miguel Isa y mucho menos Gonzalo Quilodrán, todos ellos peronistas kirchneristas, sumando sus intenciones de voto, juntan la mitad de lo que reúnen cualquiera de los tres citados en el párrafo anterior por si solos.

A la vez, los dos párrafos anteriores no tienen en cuenta el resultado de la unión Sáenz Durand o el impacto que podría llegar a tener una consolidación y crecimiento rápido de la economía nacional en el transcurso del 2025, lo que provocaría un fortalecimiento intrínseco de la imagen de Orozco como representante lógica y antena de Javier Milei en Salta.

Visto de este modo uno se pregunta ¿para que intervenir el justicialismo salteño? ¿a pedido de quién? ¿jugadores al borde de la jubilación forzada le vendieron a Cristina que podrían ganar elecciones a partir de la herramienta justicialista? ¿Intentar colocar legisladores K en las Cámaras nacionales para poner en funciones la máquina de impedir a lo bobo? ¿últimos manotazos de ahogado?

En las elecciones 2021 de medio tiempo provinciales, el justicialismo salteño no pudo colocar un solo concejal en el Concejo deliberante capitalino (700 mil habitantes), encabezaba la lista Miguel Isa, ex intendente, ex vice gobernador y Cristinista confeso de la primera hora. Con todo ese poder, con recursos económicos, Isa quedó fuera del Concejo. Resultados similares se vieron a lo largo y a lo ancho de la provincia y en todos los estamentos electivos.

En las elecciones a gobernador 2023, Gustavo Sáenz obtuvo el 47.50% de los votos, en tanto que sumados Emiliano Estrada, Walter Wayar, Verónica Caliva y Mauro Sabbadini, obtuvieron un magro 25.62%.

¿La pureza peronista se mide por el si cristinismo? No. Salta es una prueba de ello y ya demostró que cuando el Partido Justicialista salteño se cierra en el ala kirchnerista Nac&Pop las elecciones van hacia atrás. No es lo mismo jugar con recursos que jugar con la palabra y, mucho más dificil aun es erigirse en modelo de éxito cuando, sin propuestas claras al electorado el único discurso es el pedido de un nuevo voto de confianza al conjunto de políticas que llevaron al pais al borde de una hiperinflación.

El kirchnerismo duro local -de la mano de Cristina- gana la herramienta, pero pareciera, perderá los votos. Ante la duda falta poco, la fecha es el 11 de mayo.


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